jueves, 15 de marzo de 2018

Nacer en Medellín


Por: Laura Quiceno

Alguna vez alguien me dijo que Medellín es una mujer que intenta ocultar sus arrugas y sus manchas con mucho maquillaje.

Alguna vez alguien me dijo que en Medellín tantos muertos pesan.

Alguna vez alguien me dijo que Medellín es callejera.

Nací en Medellín en el año 86, en pleno Mundial de fútbol. Maradona se consagraba como el más grande y mientras yo me aferraba al vientre de mi mamá, los que saboreaban la década de los 20 veían como las calles y discotecas se iban llenando de personajes oscuros.

Nací en la década de la muerte, del narcotráfico y aunque en mi mente están las historias y coreografías que me inventaba, los grandes vivían con miedo y el nombre de Pablo Escobar era una profanación en las comidas.

Nací en la tierra de Bajo Tierra y Parlantes.

“Las bandas de Medellín suenan sucio”, dice alguien más.

Nací en una ciudad donde he visto lo mejor del ser humano y donde también he sentido mucho miedo.

Nacer en Medellín es tener muy presente la palabra raíces a donde quiera que vayas.

Nacer en Medellín es encontrarse en cada barrio con las historias de las abuelas que llegaron del campo a educar a 8, 9 hijos con la promesa de un mejor futuro.

Nacer en Medellín es admirar la belleza de los rasgos campesinos, de los dichos de antaño en quienes amamos.

A Medellín la amo y la odio. Me confronta el ruido de sus calles y luego me conmueven las historias de los extraños y de la gente con la que crecí.

Medellín es una sinfonía que suena a Enrique Santos Discépolo, a Héctor Lavoe, a I.R.A.

Alguna vez alguien me dijo que Medellín es un dolor eterno, de sentir que con cada muerte violenta muere algo en vos.

Foto: Juan Cristóbal Cobo.



No hay comentarios:

Publicar un comentario