jueves, 12 de abril de 2018

Soy un cangrejo



Por: Laura Quiceno

A mi mamá, Alba Soto.

Huyo de la multitud, cuando siento un elemento extraño me mimetizo con el agua para luego salir a la superficie y seguir jugando a esconderme.

Soy húmedo, naranja, mis movimientos son torpes.

Camino en el agua y mis pasos son interrumpidos por mis miedos.

Estoy en el mar, pertenezco a ese universo insondable, profundo, misterioso, infinito.

En las noches me atrevo a salir ocasionalmente pero solo en compañía de los que pertenecen a mi especie, que son como yo.

Nunca soy admirado por mi gracia, soy solitario y pegajoso.

Tengo tenazas y puedo herir profundamente cuando atacan mi espacio, mi intimidad.

Mi caparazón me hace ver rígido, pero por dentro soy suave.

Encuentro belleza en lo solitario, me gustaría que nadie habitara mi silencio.

Estoy absorto en mis pensamientos, en mis miedos y sin embargo hago parte de un todo que me recuerda que en el universo no hay posibilidad de una soledad absoluta.

Tengo que estar ahí, afuera y hacer el performance de criatura del mar.

Fui desterrado de las cuevas. Me hicieron salir de mi claustro para ver las noches, los días.

Es difícil dejar de estar encerrado y ser observado o peor aún, ser invitado a interactuar.

Pertenezco a un mundo tan complejo que nunca podre realmente estar solo.

Soy un cangrejo y seguiré jugando a la soledad.

Foto: Juan Cristóbal Cobo.



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